Propósito de enmienda 1



Propósito de enmienda-1

Lo que nos puede pasar un día...

Llevas días imaginándote sentado ante un caballete. Tranquilo y en paz das forma a aquello que imaginaste, el blanco de la cuartilla se llena primero de trazos, tus trazos, y luego buscas el color perfecto para darle vida a tu dibujo, sabes que no eres buen pintor pero también sabes que, bueno o malo,  estás haciendo algo único fruto de tu creatividad y, lo más importante, sabes, sientes, que durante este tiempo estás haciendo lo que deseas, sin quebraderos de cabeza, sin pensar en aquella tarea que dejaste a medias en el trabajo, al margen de la lista de quehaceres y obligaciones que no podrás eludir mañana. 

Descansas de lo rutinario, te expresas, pones calma en tu mente, disfrutas…La luz es perfecta, el espacio agradable y suena la música que te apetece, la que te gusta, la que expresamente elegiste para este momento.  

Entonces, como llevas días pensándolo hoy por fin llegas a casa y decides que es el momento, que te quieres regalar ese espacio de descanso, que te lo mereces, que a la porra todo lo que tienes que hacer, que hoy es tu día, que por fin lo vas a hacer. Pintar. Bieeeennnn!!!

Dia 1

Entras en casa dispuesta a buscar todo lo que necesitas. Sabes que en algún lugar de tu armario guardaste una caja con pinturas así que te vas al cuarto decidida a encontrarla. Sobre la silla hay un montón de ropa que no guardaste y alguna, en el suelo, que deberías haber llevado a lavar. Sobre la cama que no te dio tiempo a hacer esta mañana o quizás en el suelo, está tú pijama, tus zapatillas y los auriculares que casi te volviste loca buscando esta mañana y, abandonados sobre la cama, un par de looks con los que no te viste bien para salir de casa…

¡Madre mía, que follón!!! A punto estas de abandonar tu plan y ponerte a recoger, pero no, estás decidida: hoy es tiempo para ti. Hoy vas a hacer algo que te causa satisfacción, algo que quieres y no algo que debes: hoy vas a pintar. Mañana me dedicaré a esto, piensas, y te enfocas sobre la puerta entreabierta del armario porque allí está la caja de las pinturas…

Un par de perchas caen cuando abres la puerta y un montón de camisetas mal dobladas se apilan en los cajones encasquillándolos. Esto lo arreglaré mañana… el eterno propósito.

En el altillo se apilan cajas que dejaste algún día, tal vez cuando te mudaste y en alguna de ellas deben estar las pinturas (es lógico pensar que algo que no vas a usar a menudo lo debiste guardar en un sitio poco accesible). No recuerdas que cuando te mudaste tenías la intención de retomar la pintura y lo dejaste donde fuera fácil localizarlo. Como no lo recuerdas buscas en el altillo: Sacas una a una las cajas y miras en su interior porque no tuviste la precaución de anotar en su tapa lo que guardaste en ellas. En una hay fotos, en otra ropita de cuando tu hijo era bebé, en la tercera hay ropa y encontraste, por fin, aquella chaqueta que tanto te gustaba y que ahora ya se pasó de moda, en la cuarta hay de todo: adornos que no pusiste pero de los que no querías desprenderte, recuerdos de viajes, entradas de cine, de teatro, la presentación de aquella exposición que tanto te gustó pero que ya habías olvidado, un trozo de jersey a medio hacer de cuando te dio por hacer calceta, una aguja, dos tijeras, cinco lápices de colores, celo (a saber lo que hará aquí el celo...),  el papel de envolver que sabías que tenías pero que no encontrabas, un pañito de tu madre del que no fuiste capaz de desprenderte, una tacita de porcelana que guardaste para pegar más adelante… 

Llevas casi una hora subida en la escalera y estás empezando a desanimarte: ¡Mira que es mala suerte que los pinceles estén justo en la última caja!, pero no desistes porque tienes un plan: hoy vas a pintar.

Mejor tomarse un descanso, beber algo fresco, ponerse cómodo y después ya sacarás los pinceles y a pintar.

En la percha de detrás de la puerta debería estar colgada la ropa que usas para estar en casa pero no está, tal vez la dejaste en el baño cuando esta mañana hiciste la ducha. Bajas de la escalera con cuidado de no tropezar con las 5 o seis cajas que has ido revisando y dejando en el suelo y te llegas al baño a lavarte las manos y buscar tu ropa cómoda. Sí, aquí está, sobre el toallero, junto a la toalla que usaste ayer y junto al albornoz que no colgaste en su sitio. También hay, sobre el lavabo el bote de serum que hace días te tenías que haber llevado de muestra para comprarlo, la goma del pelo, el paquetito de toallitas desmaquillantes y el desodorante. Piensas que mañana te has de levantar con más tiempo para que no te pase como esta mañana, que has empezado a dar vueltas y casi llegas tarde… y también mañana le darás un repaso a las cosas que hay por medio en el baño. Hoy vas a pintar. 

Te lavas, te colocas la ropa cómoda y como el dormitorio está con todas las cajas por medio dejas tu ropa de calle colgada en la percha del albornoz, pero claro, solo hasta que recojas el cuarto y la pongas en su sitio…

Miras el reloj: ha pasado una hora desde que llegaste, no has encontrado las pinturas y está todo mucho más desordenado. Por tu mente pasan una certeza y una sospecha. La certeza: hay demasiadas cosas fuera de lugar, la sospecha: como no espabiles hoy ya no pintas…

Vas a la cocina a dejar la bolsa de la fiambrera y tomar agua. Como tienes un plan y no quieres que se te eche a perder no te entretienes en poner las cosas en su sitio. Dejas la bolsa tal cual sobre el mármol y te das media vuelta. Abres la nevera para tomar agua fresca y antes de ver la botella del agua ves unos calabacines que deberías cocinar hoy si no los quieres tirar. Una sacudida de remordimiento cruza tu pecho: este mes ya has tirado mucha comida y si no te organizas también tirarás esto.

Cuando vuelves al cuarto estás mil veces más cansada que cuando llegaste a casa así que bueno, sacarás las pinturas que ya sabes que están en la última caja del altillo y mañana será otro día. Dejaremos lo de pintar para mañana…

Te subes a la escalera y con una sonrisa de victoria pretendes coger la última caja, la que está al fondo. Como no llegas te ayudas de una percha y, al cogerla, dejas caer un par de vestidos que no estaban bien colgados. Llevas meses diciendo que estas perchas son poco prácticas y que has de cambiarlas, pero con tantas cosas que hacer no has encontrado el momento… Lo importante es que ya tienes las pinturas así que ahora volverás a meter las cajas en el altillo y mañana ya podrás pintar. Pero las pinturas no están en esta última caja. Maldices a tu mala memoria que no se acordó que allí no estaban, te prometes que esto no te volverá a pasar ni una sola vez más y que harás un plan para ordenar este caos, que buscarás un sitio para cada cosa, que etiquetarás, que sacarás las cosas que no te sirven o que olvidaste. De golpe sientes un cansancio infinito, te dan ganas de bajar de la escalera, salir del cuarto y tapiarlo para no ver tanto desorden. Y sí, bajas, pero antes vuelves a colocar las cajas donde estaban para por lo menos despejar el suelo. Deberías reordenar las cajas y guardar solo lo que sientes que vas a necesitar o valorar, pero estás tan cansado y desanimado que ya lo harás mañana. Cuando sales del cuarto el suelo está despejado de cajas, el altillo vuelve a estar atestado con las mismas cajas, pero peor puestas, la ropa sigue abandonada encima de la cama. Las zapatillas han dejado de verse porque con la rabia les has dado una patada y las has mandado bajo ella, donde no puedas verlas, la silla continua con la ropa que no guardaste y solo la que hay en el suelo se viene contigo hasta el lavadero. Ya pronto te vas a acostar… ya no merece la pena hacer la cama…

Continuará…

 

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